martes, 1 de abril de 2014

¿Y por qué los circulitos?


¿Y por qué los circulitos?


Esta es una de mis útimas fotos preferidas. Dentro del mundo teórico del arte que apenas descubro y en donde el círculo tiene invariables significados, Kant es uno de los autores más descriptivos para plantear conceptos tan subjetivos como lo agradable, lo bueno y lo bello que en su explicación tienen grandes diferencias (Crítica del Juicio). El gusto al que se refiere como "el concepto de la facultad de juzgar un objeto en su relación con el ejercicio libre y legítimo de la imaginación", cada individuo lo porta según su propia personalidad, formación y contexto. He tenido experiencias intensas y trabajos incansables, y cuando estas características se juntan, vaya que se intensifican las relaciones para no olvidarse fácilmente. Nuestro gusto evoluciona, involuciona y se deforma pero no te das cuenta hasta que el pasado te alcanza de alguna forma y lo hace notar. Hace unas semanas algunos compañeros de un trabajo intenso que se volvieron mis grandes “amigos de los 90´s” resurgieron. Todos recordaron los regalos fotográficos que les hacía, incluso hubo algún reclamo de haber pedido prestado alguno para una exposición y no haberlo devuelto. Mi dinámica en esa época era intensa e impredecible en donde mi única constante, la fotografía, a la distancia se vuelve una de mis principales características. Mencionaré solo a dos de estos amigos que es de quienes aprendo en el presente sobre este concepto del “gusto”: uno, director cubano, quién nos presumió su última obra premiada y en contraparte un defeño filósofo del arte, que ha sido maestro de varios y ha escrito un par de libros “a escondidas” que espero pronto sean descubiertos y publicados. Volviendo al gusto y después de mostrar una parte de mis últimos trabajos hubieron opiniones muy encontradas. Cuba en su contexto realista me pidió que volviera a ver como en los 90´s y el estudiado en letras y crítico de arte se inspiró en la fotografía que les presento para regalarme lo que enseguida les comparto, y que ahora se encuentra como parte de mi argumento a los comentarios basados en la pregunta franca de: “¿y por qué los circulitos?”
 

        Miro la esfera incrustada en un fondo negro, que la linda y la resguarda a un tiempo, rellena de un verdor concéntrico; álabes combados, como planeando su eternidad, con ramas que se muestran  venas, esperanza de vida, sinfonía de naturaleza destinada a crecer y multiplicarse en su vivir perenne, ya no como realidad vital, sino como creatura de la artista, que la vio, la ha prefigurado y la ha abstraído para convertirla en un pieza más de su mundo interior, pero volcado a ese exterior amenazante y sugestivo, devorador de imágenes. Ráfaga de sí misma, evasión del olvido, evocación sin rumbo ni destinatario definido.

       Entonces atraigo las dimensiones simbólicas de la esfera. Totalidad, universalidad, unicidad, rotundus alquímico, homogeneidad vital, fuerza genérica. Misterio de la voluntad que se crea y persiste con sus propias ansias, cohesión de un mundo que sucumbe ante su majestuosidad; evos que repiten fuentes, y multiplican su verdad hasta comprometerse con ella, y con el compromiso, enriquecen la realidad volviéndola portentosa.

Pintura fotográfica, más que fotografía pintada. Homenaje embozado a los impresionistas, que transformaron su arte ante el advenimiento del daguerrotipo, padre de la impresión fotosensible. Alquimia de la luz, encuentro de realidades artísticas, instantes eternos, infinito segmentado. Fotografía que vitaliza las ansías de existir, vivir y multiplicarse.

Saúl Domínguez

1 comentario:

  1. En efecto, nuestro gusto cambia sin darnos cuenta, lo dramático es cuando se pierde o se vuelve dis-gusto permanente. Buen texto, diáfana imagen.

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