jueves, 10 de abril de 2014

En cueros


"A pie"

2002. Imagen análoga 35 mm b/n


En cueros


Hay ciertas etapas en nuestras vidas que nos descubren al ojo pero también a las sensaciones. Arno Rafael Minkkinen dice que “lo que pasa en tu cabeza, puede pasar dentro de tu cámara”. La fotografía que les comparto hoy es parte de varias sesiones de desnudo que tuve en algún tiempo y que me invitaron incluso a cuestionarme sobre mi sexualidad al descubrir lo fascinada que estaba con el cuerpo femenino. Hice algunos estudios con cuerpos masculinos, pero nunca me gustó. La mujer siempre ofrece más líneas, más actitudes, más posibilidades (hablo de mi ojo en particular). Descubrí también fotógrafos como a Minkkinen que, a pesar de ser un cuerpo masculino, pudo integrarlo a la naturaleza de formas que se volvían parte de paisajes vívidos, nítidos y estúpidamente sensuales. Esta práctica del autorretrato también me impresionó mucho en su tiempo y en la actualidad me sigue moviendo a lugares todavía desconocidos que sigo experimentando, incluso bajo instrucciones ¡psicológicas! Me refiero sí a la imagen, pero también a la capacidad de observarnos a nosotros mismos, valorarnos e integrarnos al universo que nos rodea como individuos capaces de crear cosas nuevas en lo individual a cualquier nivel y compartirlas. Justo en la etapa que estaba haciendo estos desnudos y descubriendo a tantos fotógrafos como Eugène Durieu y sus estudios anatómicos para la pintura de Delacroix, Duchenne de Boulogne y sus contracciones musculares para la medicina, Man Ray y su surrealismo para la propia historia fotográfica, entre muchísimos otros que ya habían realizado desnudos y estudios del cuerpo humano con distintos fines, en diferentes épocas y técnicas, le comenté a un gran amigo de aquél entonces: “-sabes, creo que estoy haciendo algo que ya se ha hecho mucho-” y su sabia respuesta que aún retumba en el tema de mis nuevos  proyectos fue “-sí, se ha hecho mucho, pero tú no lo has hecho-” Así como los fotógrafos y los cuerpos, todas las mujeres y los hombres poseemos las mismas características generales, pero cuando descubres las específicas de tu modelo, se vuelve fascinante. Esta situación humana trasciende también a nuestro interior y si bien todos buscamos tener la razón y el significado acertado de las cosas para actuar e interactuar, cada uno de nosotros tenemos ciertas especificaciones tan particulares que cuando se comparten llegan a ser impactantes y muy originales. La fotografía lleva ese encanto de rebatar la realidad absoluta y los pintores y escultores que han echado mano de ella, han podido transformarla para resaltar sus particularidades que pueden ser impresionantes A Primera Vista. Una corriente que lo ejemplifica muy bien es el Hiperrealismo en donde podemos nombrar a varios autores: ¿recuerdan las figuras humanas gigantes de Ron Mueck en la exposición del Antiguo Colegio de San Ildefonso? o a uno de los pioneros de esta corriente, John de Andrea, que se ha vuelto insuperable por la técnica tan “femenina y real” en su trabajo, o más hacia nuestro tiempo actual al trabajo tan controvertido realizado en un iPad del retrato de Morgan Freeman por Kyle, y bueno ¡para qué nos vamos tan lejos! si en la actualidad tenemos en México a uno de los mejores escultores hiperrealistas, César Cervera, actualmente director de Caronte Lab, quién ha hecho muchas figuras para el Museo de Cera, el Museo de Templo Mayor y hasta se aventó al  Papa Juan Pablo II. Para terminar con esta reflexión a partir de la foto que les comparto por nuestro cuerpo, nuestro interior, nuestras corrientes y artistas... me resta, desearles la mejor introspección.

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